Nacemos, vivimos, perecemos; un ciclo tan corto, un fugaz instante de vitalidad en nosotros. Amamos, odiamos, gozamos, padecemos, nos apegamos. Con el solo hecho de existir, deseamos, queremos tener. Desconocer tu propio ser te hacer creer que la soledad está vacía; y comenzamos a desear, poseer, apegarnos a lo que tenemos y experimentamos.
Nada es para siempre
Somos un barril sin fondo, un corazón eternamente insatisfecho, infinitamente deseoso de apego. Somos cómplices, culpables de nuestro propio sufrimiento viviendo tan cegados por la efímera afección.
Desearía que todo fuera para siempre, pero no es así. Las cosas, las personas, las circunstancias, son finitas, tan breves. Cuando más creemos que nos pertenecen, se esfuman dejando una profunda pena.
El apego es la causa de nuestras tristezas, un apego que nosotros creamos, creemos y sentimos. Toma lo que venga a ti, pero no te apegues, solo disfrútalo.
La vida es cambio
Sigue adelante, así es la vida. Todo tiene su camino, tú tienes el tuyo, no preocupes más. Total, lo que hoy te acongoja mañana te hará feliz; y lo que hoy te da felicidad, mañana será fuente de tu tristeza.
Compréndelo, ve más allá de tu aflicción.
Y así llega a su fin mi escrito de esta semana. Gracias por leerme, si te ha gustado, te invito a leer algún otro artículo que pueda parecerte interesante en este blog. Del mismo modo, te dejo mi Instagram, donde subo más fotografías como ésta. Un abrazo a la distancia.