Vivimos en un mundo que nos empuja sin tregua, que nos hace avanzar sin pensar. A veces simplemente quiero un respiro, librarme del peso que cargo y volver a conectar conmigo, con mi alma. Detenerse por un momento no significa fracasar.
El alma encuentra su claridad en los momentos más inesperados. Nuestro camino nunca ha sido para llegar, sino para sentir.
Nos encontramos perdidos en el ruido de la cotidianidad: las preocupaciones, el trabajo, los miedos. En este caos sientes que tu alma sufre, se cansa, lo pagas caro.
Es necesario sentir un instante de calma, recuperar fuerzas y seguir adelante. La calma es ese suelo fértil donde crece el sentido de todo.

Ten calma
Recuerda que vivir no es únicamente avanzar; es necesario aprender a detenerse, observar el mundo desde otro ángulo, y sentirlo una vez más. La calma no es ausencia de dolor, confusión, preocupación; es la capacidad de abrazar éstos sin dejar que nos definan. Allí, el alma encuentra su fortaleza y así, nuestra paz.
Dale un respiro a tu calma, dale el tiempo para escucharte. Incluso en los días más oscuros, la luz insiste en entrar.
Dale calma a tu alma.