Últimamente tengo tiempo de sobra para pensar o sobre pensar más bien. Y como siempre, lo que invade la mente desocupada es el sentimiento de culpa o de fallo. Nadie se libra de ello, pero el error humano es inevitable. En cada decisión, por pequeña o grande que sea, está la posibilidad de equivocarnos.
La culpa llega, a veces como un peso insoportable, recordándonos que fallamos. Pero en ese fallo hay una oportunidad: aprender, crecer y buscar la redención. No somos perfectos, pero nuestra capacidad de reconocer el error y levantarnos es lo que nos hace humanos.
La próxima vez que te equivoques, recuerda: eres humano.

La foto que traigo el día de hoy siento que tiene mucha relación con este sentimiento, ese de mirarse al espejo y en veces desconocerse. Decirse a sí mismo «¿Qué he hecho? ¿En qué me he convertido? ¿Cómo pude hacer eso?» o simplemente la famosa culpa.
Pero no podemos quedarnos ahí, tenemos que seguir avanzando, esforzarnos por ser mejores.